En el mercado empiezan a crecer las dudas sobre lo que podría suceder en la Argentina a partir del 2020. Por eso, los rendimientos de los bonos que vencen en el 2019 están en la zona del 5% y todos los que vencen después del 2020, están en torno al 10%. Esto refleja la preocupación que existe sobre lo que puede pasar una vez que se acabe el dinero que prestó el FMI.

Actualmente, es claro que hay tres motivos principales, pero no únicos, por los que Argentina genera esta incertidumbre.

Argentina se ve imposibilitada de crecer con este nivel de impuestos y por consiguiente, no hay forma de que pueda generar el superávit primario del 2%-4% que necesita para que sea creíble que Argentina va a poder repagar su deuda.

El oficialismo parece no estar dispuesto a realizar las reformas de fondo que permitirían que se genere un superávit primario para que así el país vuelva a ser bienvenido en el mercado voluntario de deuda.

Reformas como la previsional, laboral e impositiva, son esenciales para el retorno a la previsibilidad, un equilibrio sano de las cuentas públicas, de otra manera argentina se encontraría en dirección de una nueva crisis crediticia (Credit Crunch).

En el 2020, para cuando se haya terminado el dinero del FMI, el mercado de crédito va a estar en pésimas condiciones y probablemente no solo Argentina, sino la mayoría de países emergentes no tendrán posibilidad de colocación de deuda en los mercados internacionales.

Tristemente, a tres años de la salida del default incurrido en 2001, nos encontramos a la espera de una especie de “re-make” de la misma película de terror. Argentina repite la historia: gasto desmedido que no se cubre ni siquiera con presión fiscal récord, que se termina de cubrir con deuda externa.

A eso, hay que agregar los factores externos, como los datos de empleo de los EEUU que mostraron una fuerte suba de salarios del 3%, lo que garantiza que la Reserva Federal continuará subiendo las tasas de interés y por lo tanto, endureciendo el crédito internacional. Mientras tanto, la tasa del bono a 10 años de los EEUU acusó recibo automáticamente de este hecho y confirma que la tendencia alcista de tasas continuará.

Con una deuda pública 77% del PIB (75% en moneda extranjera), y serias dificultades para generar ingresos fiscales, Argentina queda sujeta exclusivamente al financiamiento externo, aun cuando la deuda comienza a verse como insostenible.

Hoy estamos en valores de deuda respecto al PIB muy similares a los que teníamos entre 2005 y 2006, pero con una particularidad adicional, hay más concentración en moneda extranjera que en aquel momento. Con una sostenida apreciación del tipo de cambio a nivel mundial, nuestro nivel de exposición se vería agravado.

El oficialismo intenta atrasar nuevamente el tipo de cambio para que el ratio de deuda sobre el producto caiga pero aunque le sea conveniente para exponer que la deuda es menor, no servirá para maquillar por mucho tiempo, la fragilidad de macro argentina.

De acuerdo al presupuesto aprobado en la cámara de diputados para el año próximo, los intereses de la deuda representarán el 3,3% del PIB, unos USD 14.100 millones. Pero también habría que sumarle los intereses que deberá pagar el BCRA por la gigantesca masa de títulos públicos emitidos. Estos intereses adicionales sumarían USD 21.000 millones, un 5% del PIB al rojo nacional.

De esta manera, el déficit consolidado del sector público, se ubicaría en el orden del 8,3% del PIB para 2019, una cifra realmente abrumadora. Entonces, cabe preguntarnos, ¿Cómo va a financiar Argentina este enorme agujero negro?

Quizá haya reformas de fondo en el futuro para que Argentina pueda conseguir refinanciación de su deuda. Pero para los mercados, al menos por ahora, 2020 es el abismo.

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